La Tìa Tula...
Tula y Rosa son dos hermanas que están muy unidas y que, tras la muerte de sus padres cuando estas eran aún unas niñas, se fueron a vivir con su tío don Primitivo, que era cura.
En el piso donde vivían con su tío también vivía un joven muy atractivo llamado Ramiro el cual, cada vez que pasaban las dos hermanas no podía evitar que su mirada se fuera detrás de Rosa. Gertrudis, o Tula como la solían llamar se dio cuenta de esto y se las apañó para que los dos jóvenes acabaran como novios, del mismo modo que se las apañó para que, tras un tiempo de noviazgo, se casaran, aunque Ramiro durante su noviazgo no había prestado casi atención a rosa, estaba siempre distraído en quién sabe qué, sobretodo cuando entraba en casa de su prometida se encontraba con Tula, a la que él, como su hermana, su tío y todos los que la conocían tenían un gran respeto porque siempre hablaba con convicción y parecía que siempre tenía razón.
Tras haberse casado, los novios, como es normal, se fueron a su casa, pero Rosa reclamaba continuamente la presencia de Gertrudis, a lo que esta replicaba que a los novios les convenía la soledad, aunque no obstante los visitaba de vez en cuando, visitas en las que Rosa le hacía las más ostentosas demostraciones de cariño mientras que su cuñado se sentía avergonzado ante su presencia.
Y finalmente llegó el primer niño, Ramirín, en un parto muy difícil y duro en el que la más calmada fue Tula, y lo hizo tan bien que hasta el médico la felicitó. Y ella fue la primera que cogió al niño, y la que le dijo al padre que esa criatura correría de su cuenta, que haría de él un hombre. Y lo dijo en serio porque a partir de ese día no faltó en casa de su hermana un solo día: ella era quien desnudaba y vestía y cuidaba al niño hasta que su madre se recuperara del parto y pudiera hacerlo, la cual al hacerlo extremó sus ternuras para con su marido y más bien parecía que Ramirín era solo de Tula, a la que no le importaba nada ello. Y así pasó el tiempo y llegó otra criatura, esta vez una niña a la que llamaron Elvira.
Al poco de nacer la niña murió don Primitivo, y también fue Tula la que lo amortajó después de lavarlo, lo lloró más que nadie y lo enterró. Pero Gertrudis no se vino abajo, sino que seguía cumpliendo con su deber para con sus sobrinos, que los quería como si fueran hijos propios, con su hermana y con su cuñado, y cada vez se iba dando más cuenta de que en aquella casa era casi imprescindible.
Venía ya el tercer hijo del matrimonio. El embarazo fue molestísimo para la madre que tenía que descuidar más que antes a sus otros hijos, que así quedaban al cuidado de su tía, encantada de que se los dejasen. Y hasta consiguió llevárselos consigo a su casa más de un día. Y los pequeñuelos se apegaban con ciego cariño a aquella mujer grave y severa.
Finalmente llegó el parto de tan molesto embarazo, y eso fue lo último que Rosa hizo puesto que después de dar a luz a una niña se murió. Pero antes de morirse hizo que Gertrudis le prometiera que sus niños no tendrían nunca madrastra aunque Ramiro se casara.
Después de la muerte de su hermana, Tula decidió ir a vivir definitivamente con Ramiro y con los niños ya que Ramiro entró en una depresión, ahora es cuando de veras se había dado cuenta de lo mucho que le importaba Rosa. Tula se portó como una madre con ello, tanto que incluso los niños la llamaban “mami”. Pero al mismo tiempo sus relaciones con Ramiro se iban haciendo cada vez más fuertes, tanto que aunque Tula no quería admitirlo se habían enamorado el uno del otro. Pero una noche que Tula Ramiro se pusieron a hablar este le pidió que se casara con ella, a lo que esta, con total serenidad, le dijo que le diera el plazo de un año para aclararse las ideas y que luego ya verían.
Y en estos doce meses se estaba desencadenado en Tula un grave conflicto: su cabeza contra su corazón. Todas las noches se metía en su habitación a llorar y a rezarle a la Virgen, y la cosa fue a peor cuando un día Ramirín le dijo que su padre le había dicho que Tula aun no era su madre pero que lo sería.
Cuando se acercaba el mes de la respuesta definitiva Tula y Ramiro decidieron ir a la playa, aunque cada uno con un propósito: Tula quería relajarse de la tensión y Ramiro pensó que allí Tula sería más débil ante sus encantos. Pero no estuvieron mucho tiempo en la playa puesto que ninguno de los dos propósitos dio resultado.
Cuando volvieron a la casa contrataron a una criada, una hospiciana de diecinueve años llamada Manuela. Desde que la chica había llegado a la casa, Ramiro había estado muy raro, como si guardara algún secreto. Y al fin adivinó lo que le pasaba cuando Ramirín le dijo que había visto a su padre y a Manuela besándose. Entonces Tula decidió hablar con Ramiro y le dijo que aunque la repuesta que estaba esperando era no, pero que si no se iba Manuela de la casa se iría ella con los niños. Ante esto Ramiro le dijo que no podía echar a Manuela porque estaba embarazada. Ahora las cosas para Tula cambiaban, y finalmente decidió que la solución más acertada sería casarlos a ambos y ella quedarse a vivir con ellos para que los hijos de Rosa no tuvieran madrastra ya que ella los seguiría cuidando.
Una profunda tristeza henchía aquel hogar después del matrimonio de Ramiro con la hospiciana. Además los niños estaban desconcertados al ver sentada a la que antes había sido su criada con ellos en la mesa. Y para rematar la situación la preñez de Manuela fue molestísima y Ramiro, por su parte, vivía en una resignada desesperación y más entregado que nunca al albedrío de Gertrudis.
Finalmente llegó el parto, que dejó a Manuela muy débil, aunque rápidamente esta volvió a quedarse preñada, y Ramiro muy malhumorado por ello. Mientras tanto Tula seguía haciéndose cargo de los niños, intentando no hacer distinciones entre ellos.
Cuando en casa temía por la pobre Manuela y todos los cuidados eran para ella, cayó de pronto en cama Ramiro, declarándosele una pulmonía. El médico no le dio mucho tiempo de vida, y fue verdad puesto que poco antes del segundo parto de Manuela, Ramiro murió. Y tras del parto, en el que nació una débil niña a la que llamaron Manolita, Manuela también falleció y allí quedó Tula cuidando lo mejor que podía a cinco criaturas de madres diferentes.
Y así fueron pasando los años, y Gertrudis se portó como una buena madre. Aunque los quería a todos por igual, siempre tuvo un gran aprecio por Ramirín, puesto que era el mayor, y Manolita, a la que siempre la había visto más débil que a ninguno, como si se fuese a romper.
Y llegó el día en que Ramirín se casó con una chica, Caridad, a la que Tula había visto como buena futura madre y a la que había elegido con mucho cuidado, porque sin duda había vigilado mucho con quien iba a dejar a su hijo. A partir de ese día, en que Caridad también se fue a vivir a su casa, era con ella con la que tenía todas la s confidencias.
De nuevo volvió a llegar un embarazo a casa de Gertrudis, esta vez a manos de Caridad. Pero por suerte Caridad era fuerte y se podía cuidar más o menos sola, porque por aquella época Manolita cogió una enfermedad que casi la mataba. Preocupadísima todas las noche Tula le rezaba a la Virgen pidiéndole que cambiara su vida por la de ella. Y se cumplió su ruego: la niña fue mejorando, pero Gertrudis calló con una broncopneumonía de la que no resistió y murió antes de ver nacer a su nieto, no sin antes despedirse de todos.
Pero la tía Tula no murió, sino que quedó en las mentes de todos y cada uno de los miembros de aquella casa, pero sobretodo en Manolita que a pesar de su supuesta fragilidad, después de la muerte de la tía Tula fue quien pareció heredar su fortaleza y quien llevaría ahora las riendas de la casa uniendo a los miembros, que después de la muerte de la tía se habían separado en grupos: Rosita con Caridad, Elvira con Enrique (el hijo de Manuela), y, Ramiro y Manolita cada uno por su lado.
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